Púberes en una sociedad sexualizada

Cada vez con más frecuencia escucho que niños y niñas de 13 y 14 años intercambian vía whatsapp e instagram, fotos de sus genitales desnudos. Si son descubiertos por algún adulto, su explicación es “todos lo hacen”.

Es decir que esta realidad que puede sorprender es más habitual de lo que pensamos.

No se trata de criticarlos ni de horrorizarse sino de tratar de entender qué es lo que está ocurriendo para que, en lugar de intercambiar sticker de corazones y frases como “me gustás mucho” o “te quiero”, opten por sacarse fotos desnudos y, como figuritas, intercambiarlas.

La pubertad se extiende desde los 10, 12 años hasta los 13, 14. Es una etapa en que los cambios corporales denuncian el pasaje del niño al joven: en los varones cambia la voz y crecen pelos en cara y pubis, en las nenas es la menstruación y el crecimiento de los pechos lo más llamativo. Momento de duelo por la pérdida de la infancia en ellos, y en los padres por la despedida del niño que ahora pasa a tener otros intereses fuera de la familia.

El propio cuerpo es el centro de interés para los púberes, se miran al espejo, necesitan conocerse y reconocerse en ese cuerpo que está cambiando tanto. También quieren acercarse y conocer al sexo opuesto, cómo cambian, en qué son distintos y en qué diferentes.

Algunos padres se asustan frente a este despertar sexual tan diferente en sus expresiones de lo que ocurría en otras generaciones. Lo que antes se hablaba en susurros y con vergüenza (aún hoy hay muchos padres que no saben cómo hablar de sexo con sus hijos), hoy inunda el escenario social desde muchos frentes: la televisión, internet, las redes sociales, las marchas feministas, la perspectiva de género, etc.  Los chicos están llenos de información y sobreestimulados. No necesitan que los padres le expliquen lo que ya saben.

Vivimos en un mundo donde la excitación ha ocupado el lugar que antes tenían el amor romántico y la ternura. Púberes y adolescentes discuten y toman posición frente al aborto y la perspectiva de género. De modo que para ellos, intercambiar fotos desnudos es mucho más natural que mandar corazoncitos y frases de amor.

Este es el mundo en el que ellos viven y crecen y es tarea de los padres ver cómo acompañarlos sin juzgarlos pero sin someterse al consenso. Cada padre deberá revisar sus valores y los valores que quiere transmitir a sus hijos.

Para entender necesitan acercarse y comprenderlos, y esto no se logra ubicándose en la vereda de enfrente, sino interesándose, con la curiosidad del investigador.

¿por qué se sacan fotos desnudos?, solo porque todos lo hacen? Qué buscan haciéndolo? Les gusta mirarse desnudos? Quieren conocer sus cuerpos?. Mediante preguntas de este tipo también los ayudan a pensar y a desarrollar un pensamiento crítico. Lo opuesto a “porque todos lo hacen”.

Cuando la sexualidad está tan a la vista, lo reprimido es el amor y es  el complemento que los chicos necesitan descubrir. Que el sexo es lindo pero lo es mucho más si uno se enamora que si lo practica “por deporte”. Descubrir la vergüenza de que me guste alguien y no sé cómo decírselo, el encanto de mirarse a los ojos y caminar tomados de la mano, la importancia de conocerse de a poco, de “estar de novios”, y de que el encuentro sexual sea la coronación del encuentro entre dos que se quieren, que charlan de todo un poco y que se acompañan en las alegrías y los dolores.

Si como padres, podemos transmitirles esto, ya habremos dado un gran paso en la difícil tarea de educar.

Nota escrita por:

Lic. Diana Ponce

Psicóloga

MP 0040

 

 

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